
Puedo sentirte
acechándome,
espiando desde mi ventana,
mirando mis horas pasar.
Puedo verte
repeliendo al mundo
convirtiéndome en este ser
desalmado, frío.
Puedo olerte
penetrando en mi interior,
comiéndote eso que la gente
conoce como alma.
Tus gestos siniestros
no me dejan pensar,
me atrapan y me obligan
a decir esas palabras,
a necesitar ese contacto,
a pedir clemencia.

